Thursday, January 19, 2006

El Cortijo Jurado

El Cortijo Jurado, importante vestigio del siglo XIX, se encuentra asentado en el pueblo malagueño de Campanillas, en el valle que forman los ríos Guadalhorce y Campanillas.
Este pueblo malagueño delimita al Norte con el término municipal de Almogía, al Suroeste con el de Alhaurín de la Torre, al Oeste con el de Cártama, y al Sur con los ríos anteriormente mencionados.
Construido con fecha desconocida, todas las sospechas apuntan hacia mediados del siglo XIX, a cargo de integrantes de la familia Heredia, importantes industriales en la provincia malacitana. Sobre el año 1925, la crisis económica que asolaba a sus dueños, provocó la cesión de esta y otras propiedades a la familia Larios, quienes a su vez tenían parentescos familiares con los propios Heredias.





Mantiene una estructura cerrada y compacta en torno a un patio principal con accesos a la vivienda, la capilla, cocheras y establos. Un segundo patio se usaba en tareas y labores del campo e incluía tres alas dedicadas a la ganadería que la familia poseía en aquel entonces. Un alto mirador de planta rectangular y cubierta plana domina la escena de innumerables metros de tierra, donde trabajadores se afanaban en plantación de diversos productos agrícolas. La estructura de Jurado se basa en muros de mampostería y ladrillo, así como vigas y viguería. Su lenguaje arquitectónico responde a un culto estilo ecléctico historicista de rasgos góticos anglosajones, lo que no extraña a nadie, ya que existieron diferentes parentescos familiares con familias Loring y Livermoore, que con toda probabilidad habitaron en ocasiones el inmenso caserío. En la fachada principal se observan dos alas que sobresalen, con dos buhardillas bajo los grandes vuelos de sus aleros. En la capilla se aglutinan elementos decorativos y artísticos, con entrada tanto desde el exterior como desde el interior. Lenguaje neogótico y un campanario sobre la portada, de planta cuadrada y ventanas apuntadas.
Los actuales habitantes del pueblo, únicamente transmiten lo que sus padres y abuelos comentaban en aquella oscura época. El desconocimiento de una fecha concreta, hace situarnos en un amplio margen que abarcaría desde finales del siglo diecinueve, hasta aproximadamente el primer cuarto del pasado siglo. Cincuenta años en los que se habrían producido, de ser cierto el rumor, los más terribles y sangrientos crímenes que uno pueda imaginar. El desagradable proceso sería el siguiente. Las niñas, de una edad comprendida entre los doce y los diecisiete años, serían "engatusadas" por los señoritos de la alta sociedad, de la más exquisita burguesía malagueña, atrayéndolas a la "boca del lobo" (Cortijo Jurado), comenzando la función. Cuando el rumor de desapariciones era palpable entre las jóvenes, el secuestro era la única manera de lograr que las inocentes víctimas pusieran pie en la enorme y temida finca. Después de eso, y ya en el interior de la casa, comenzarían las vejaciones contra ellas. Violaciones, depravaciones de todo tipo, rituales satánico-sexuales, y una serie de actos innombrables que acabarían con la dolorosa muerte de las chicas.
Las sospechas que más adelante recaerían contra los dueños del Cortijo serían acalladas a base de sobornos en efectivo. Y al parecer, el dinero no faltaba. Todo lo que ocurría en el interior de la mansión era exclusivamente llevado a cabo y teniendo de testigos a los propios familiares, quizá algún que otro amigo visitante de países lejanos que podían o no participar en la horrible "fiesta", y por qué no, quizá todo aquello fue visto más de una vez por los trabajadores que tenían a su cargo y que habitaban en un ala de la casa. Debido a eso, o al menos es lo que se cree, la historia pudo "filtrarse" y trascender hasta nuestros días.
Puede que esos trabajadores vieran en alguna ocasión a través de una cerradura el nauseabundo espectáculo, puede que oyeran en mitad de la noche gritos desgarradores, además de los extraños "movimientos" en el interior de Cortijo Jurado que se producirían a lo largo de los días, los meses y los años.
También en el pueblo, y desde antaño, se mantiene la firme convicción de la existencia de una larga gruta subterránea que partiría del interior de Cortijo Jurado, para adentrarse finalmente en la vecina finca Colmenares, hoy día sede social de un campo de golf.

Manuel Martín era un joven que recién alcanzaba la mayoría de edad. Siendo uno más de tantos muchachos en la zona de Campanillas, dedicaba gran parte de su tiempo a las labores del campo, único sustento de centenares de familias en la Málaga de aquella época. A tan temprana edad, guardaba en su interior el temperamento rebelde y visceral propio de adolescentes, lo que le llevaba a concertar su voluntad temeraria con varios de sus contemporáneos. Hazañas, desafíos y gamberradas eran actos frecuentes en el devenir de las vidas de los habitantes de aquel barrio alejado de la capital. Pero aquella vez la aventura llevaría al joven Martín a una experiencia que le marcaría de por vida. Cuando todos los chicos se reunieron para planear uno de sus esperados "golpes", el punto de mira se centró en un antiguo caserón en lo alto de una ladera. Cuando esperaba contar con la compañía de alguno de sus amigos, todos ellos se echaron atrás negándose a realizar la "peligrosa" visita. No queriendo caer en burla, Martín finalmente decidió emprender solo su camino.
Supuestamente sus dueños, a los que Martín no conocía, debían estar de viaje o residiendo en otros lugares de la geografía española. La puerta principal estaba cerrada a cal y canto, pero su agilidad le permitió sortear un muro de las caballerizas, y penetrar a través de un estrecho orificio de ventilación en una de las paredes laterales. Solo cuando estuvo al otro lado, después de una caída de tres metros, comprendió la dificultad que le esperaría a la hora de pretender regresar al exterior. Temeroso de cambiar de sitio algún objeto que alertara de su presencia en la finca, Martín caminó sin siquiera plantearse la posibilidad de rebuscar cosas en las numerosas habitaciones de la casona. De forma inmediata, intentó localizar el patio principal, punto de partida de cualquier zona del Cortijo Jurado.
Pronto descubrió un acceso que llevaba directamente a una especie de bodega subterránea totalmente vacía. La trampilla le resultó misteriosa y decidió descender con sumo cuidado. Hacía años que había escuchado hablar de túneles bajo tierra, y su deseo de descubrir alguno de aquellos conductos se encendió ante la visión de aquella "boca" oscura. Pronto descubrió con asombro y casi una insoportable presión en el pecho, que distintos conductos llevaban a lugares diferentes, no abarcando el subterráneo (de unos diez metros) solamente el contorno del cortijo, sino aparentemente llegando más allá, en base al cauteloso recorrido que nuestro sagaz joven realizó linterna en mano. El ruido de agua cercana en una de las grutas, advertía la proximidad del río Campanillas. Manuel comenzó a recorrer a través de uno de los conductos que parecían adquirir una perfecta rectitud sin curvas en su trazado. Al principio su paso era lento, pero tras varios minutos de camino, y sin poder creer lo que estaba viendo, sus pies se aceleraron presa del pánico, y en pocos segundos aquello se convirtió en una particular maratón. Casi sin aliento, se topó con una escalera que llegaba a una trampilla imposible de abrir. Por los dos o tres kilómetros recorridos, el joven
El aire viciado provocó un principio de asfixia en Martín, por lo que decidió retroceder en sus pasos cuanto antes.
Al fin llegó al centro de aquel lugar, desde el cual divisaba la escalera que le llevaría de nuevo al Cortijo Jurado. Pero antes de subir, enfocó la linterna a uno y otro lado, en un desganado empeño por iluminar rápidamente lo que le rodeaba, antes de marcharse cuanto antes y para siempre de aquel lugar. Pero quiso el destino que el haz de luz reflejara en una superficie asimétrica, revelando la existencia de objetos o "bultos" en otro de los túneles. La curiosidad pudo más que el miedo y el cansancio juntos, y Manuel se acercó a aquel recodo en el camino.
Nichos realizados de forma bastante rudimentaria, tumbas improvisadas en el suelo de tierra, aparatos que recordaban míticas máquinas de tortura, polvorientos y mohosos látigos de puntas metálicas, y lo que es peor, restos óseos de personas de edad y sexo indefinido, que aparecían amontonados a uno y otro lado. Una muñeca de trapo, sucia y desaliñada, descansaba junto a un cráneo con abundante y largo cabello, añadiendo un toque dantesco a la espeluznante escena.
Después de seis décadas, el Cortijo ha cambiado. Sus fuertes paredes de antaño se han convertido en algo ruinoso. En el lugar donde Manuel Martín había descubierto un conducto, hoy día no hay nada, solo tierra apelmazada. Las palas y picos, como me demostró la experiencia, solo servía para demostrar que alguien había vertido a conciencia aquella tierra allí. Hasta un metro de profundidad, esa tierra se funde con ropa vieja, de manera que las herramientas no pueden realizar fácilmente su labor. Solo la maquinaria pesada podría descubrir el secreto, dejando al descubierto lo que guarda las entrañas de Cortijo Jurado.

Son muchos los vecinos de esta finca que observan extrañas luces en mitad de la noche, sin que ninguna mano sea la causante de la incomoda iluminación. También es frecuente oír golpes y ruidos de dudoso origen.

Cadaveres encontrados:











Una Sesión de Ouija.
Un grupo de cinco jóvenes se acercó temeroso al interior del edificio, animados por la falsa valentía que da la juventud, querían probarse a si mismos que eran lo suficientemente valientes para realizar una sesión de Ouija en el Cortijo del que tantas leyendas se oían.
Encontraron una habitación de su agrado y extendieron una sabana en el suelo para poder sentarse y colocar correctamente el tablero, bajo la única luz de dos o tres velas empezaron a realizar preguntas al tablero esperando que algún espíritu les diese las respuestas.

Al principio nada hacía intuir ninguna presencia, sin embargo el guía, empezó a sentir una extraña fuerza que guiaba el marcador y en unos momentos empezaron a surgir de los movimientos que realizaban palabras inteligibles y que contestaban a sus preguntas.
He aquí las preguntas que realizaron:

-¿Quien eres? -El marcador lentamente empezó a formar una palabra "E - L - E - N - A" los chicos se miraron estupefactos y decidieron sin tan siquiera preguntarse lo unos a los otros que debían descubrir cual era el misterio de ese intrigante cortijo.
-¿Que edad tienes?

-"12"

-¿Por qué estas muerta?

-"ME MATARON"
-¿Fuiste una de las víctimas de los dueños de esta casa?

-"SECUESTRO" de repente unos golpes en la habitación contigua hicieron que se incorporaran, sintieron un frio que les envolvía pero debían demostrarse su valor los unos a los otros y decidieron continuar con su sesión.

-¿Hicieron contigo algún tipo de ritual?

-"MUCHO DAÑO"

-¿Había más gente inocente contigo?

-"NIÑAS"
-¿En qué año ocurrió todo?
-"NO SE"

-¿Donde estás enterrada?
-"EN EL PATIO"

-¿Estas a mucha profundidad?

-"4"

-¿Metros?
-"SI"
-¿Estás sola?
-"NO"

-¿Hay más niñas enterradas contigo?

-"SI"

-Dinos el lugar exacto e intentaremos buscarte.

-"SEÑAL" de reprente el guía de la sesión se quedo inmovil, como inerte y los intentos de sus compañeros por hacerle volver no parecían funcionar, el mismo recobró la consciencia y después del susto decidieron que lo mejor era regresar y abandonar ese lugar.
Empezarón a descender las escaleras para abandonar el edificio cuando uno de los chicos profirio un grito ahogado, todos empezaron a sentir pánico cuando por una ventana que daba al patio observaron una luz que señalaba una zona del patio.
Esto fue demasiado para ellos que huyeron despavoridos de la finca y nunca jamás regresaron.
Encuentros Espectrales

Un grupo de personas atraídas por la famosa leyenda se aproximaron en cierta ocasión al Cortijo con la intención de realizar fotografías y recorrer sus habitaciones, esperando encontrar alguna pista que pudiese demostrar la veracidad de dichas historias.
Aparcaron cerca de la verja principal, a bastantes metros del edificio, cuando bajaron del coche unos gritos lejanos les dejaron paralizados. Necesitaron unos minutos para volver a la calma y atreverse a adentrarse en el cortijo, pero de repente dos de los presentes escucharon a la vez una voz de mujer que susurrante les decía: "Venid", se quedaron petrificados y observaron como ninguno de los demás presentes parecía inmutarse, como si no lo hubiesen oído. A los pocos minutos una de las esquinas pareció cobrar vida, la tierra que cubría su suelo empezó a elevarse como por el efecto del viento, pero ni una leve brisa corría en ese momento en el cortijo. Todos quedaron extasiados mirando hacía una extraña neblina que parecía formar una forma brillante, breves instantes después la tierra formaba una neblina brillante con la forma de las vestimentas de una mujer. Muertos de miedo todos los presentes emprendieron su huída a toda velocidad, en dirección al coche en el que habían llegado, una de las chicas, la más rezagada sintió como una fuerte mano se aferraba a su cadera con la intención de evitar su huída, por suerte consiguió soltarse y escapó como el resto. Pero esto no queda ahí en su huida uno de los chicos, el que portaba la cámara de video, se giro con intención de grabar la extraña figura, allí no había nada.
Sin embargo al comprobar la grabación observaron algo que ellos no alcanzaron a ver en su pavorosa carrera: En la planta superior en una de las ventanas una escalofriante mano de color blanco y tonos brillantes se movía de un lado a otro del marco del semi-cerrado ventanal.

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