Tuesday, March 14, 2006

Combustión humana espontánea - CHE

“2 de Julio de 1951. San Petersburg, Florida. Mary Hardy Reeser, preocupada por algunos retrasos en su mudanza, tomó dos comprimidos de Seconal y se fumó un cigarrillo sentada en su sillón favorito, algo habitual en ella.
Al día siguiente, su casera, Patsy Carpenter, le llevaba un telegrama acerca de la mudanza en la que estaba inmersa. Al ir a entrar en la habitación, nota que el pomo de la puerta está extremadamente caliente.
Lo que encontró dentro se convirtió en uno de los casos más conocidos de la llamada Combustión Humana Espontánea (CHE). En el sillón en el que habitualmente se sentaba, y en un radio de un metro, se encontraban restos del sillón, y cenizas dispersas, junto con fragmentos del hígado adyacente a restos de la columna vertebral, el cráneo reducido al tamaño de una pelota de tenis y un pie, intacto hasta el tobillo, aún con el zapato puesto.
En el certificado de defunción se definió la muerte como “Muerte accidental por fuego de origen desconocido”. La Policía valoró la posibilidad de que la señora Reeser quedara inconsciente por los somníferos, de forma que su cigarrillo cayera encendido sobre su ropa altamente inflamable. Ante la falta de evidencias sobre la causa de la muerte, el 7 de Julio de 1957, el jefe de Policía J.R. Reichert envió una caja con las evidencias disponibles al entonces director de la CIA, John Edgar Hoover, junto con una nota que decía: “Requerimos cualquier información o teoría que pueda explicar cómo un cuerpo humano puede ser destruido por un fuego confinado a un área tan pequeña, y dañar tan escasamente la estructura del edificio y la decoración del apartamento”.
El FBI, en su investigación hizo referencia al llamado “efecto mecha” como posible causa del fuego.”

Este es uno más de los casos típicos de Combustión Humana Espontánea.
¿qué es la CHE?
Mateo Orfila, considerado el primer toxicólogo de la historia, dice en su “Tratado de Medicina Legal” (1847) que “El cuerpo humano puede quemarse, algunas de sus partes pueden reducirse a cenizas por una causa que no es fácil de apreciar, y que hasta ahora se ha referido a un estado particular del organismo. Este fenómeno, designado con el nombre de Combustión Espontánea, aunque es inexplicable, no puede por menos de admitirse”.
Sin embargo, Pedro Mata, en su “Tratado de Medicina Legal” en 1866, menciona la combustión humana espontánea, y dice: “Si guiados por el sentido literal de las palabras, creemos que un sujeto puede encenderse, arder y reducirse a cenizas espontáneamente sin estar en contacto con un cuerpo en ignición, en la manera de ciertos cuerpos que a la temperatura ordinaria arden, en el estado actual de la ciencia podemos asegurar que la combustión espontánea no existe... Los casos de que se habla no presentan todas las garantías necesarias para ser aceptadas por la ciencia."

Es difícil definir una combustión humana espontánea, pero podríamos decir que se trata de un proceso en el cual, la víctima comienza a arder de forma brusca e inesperada, y, generalmente, sin tiempo de reacción, lo que desemboca en una carbonización casi completa del cuerpo y los objetos más cercanos a la víctima, junto con la aparición de una sustancia pegajosa en el suelo, que desprende un hedor insoportable. Siempre se ha dicho que el proceso de carbonización se produce en muy corto período de tiempo (minutos o segundos). Lo difícil es poder afirmar esto con pruebas, ya que en estos casos nunca hay testigos visuales que puedan confirmarlo.

Garth Haslam es uno de los mayores expertos en CHE. Ha realizado una compilación de casos de CHE, y ha encontrado 52 casos desde el siglo XVII hasta 1982, de los cuales veinte considera que no están suficientemente documentados o que son falsos. De los casos que presentan datos comprobables, 15 han ocurrido desde 1951, pero varios de ellos son realmente sospechosos de formar parte de asesinatos que se intentan encubrir quemando los cadáveres. Es interesante comentar la clasificación de los diferentes tipos de CHE que ha observado.

TIPO 1: CASOS FATALES
Subtipo 1: combustiones clásicas
Subtipo 2: combustiones presenciadas por testigos
Subtipo 3: quemaduras selectivas

TIPO 2: CASOS NO FATALES
Subtipo 1: llamas misteriosas
Subtipo 2: quemaduras misteriosas
Subtipo 3: humo misterioso

TIPO 1: CASOS FATALES
Estos casos representan un 75% de los casos de CHE. Quizás estos casos se consideran los más misteriosos porque no quedan víctimas ni testigos que nos puedan contar lo ocurrido, dejando las puertas abiertas para la especulación.

Subtipo 1: Combustiones clásicas o combustiones de dormitorio:
Según Haslam, estos son los casos que tienden a ser más fácilmente explicables, siendo los más utilizados por los escépticos para desmitificar la CHE. Pero veremos más adelante que hay casos más interesantes, aunque quizás menos documentados.
Vamos a conocer las características típicas de una combustión clásica:

• El fenómeno siempre ocurre en lugares cerrados, generalmente en el dormitorio de la víctima.

• La víctima ha estado sola en las últimas horas antes del suceso. En estos casos clásicos no suele haber testigos presenciales.

• Las quemaduras afectan sobre todo a tronco, extremidades superiores y muslos, y suelen quedar relativamente intactos los extremos más distales de las extremidades (los pies y en ocasiones, el cráneo).

• Se produce más frecuentemente en mujeres, generalmente obesas (aunque no es condición indispensable), de edad avanzada y/o con enfermedades crónicas o incapacitantes. Algunas víctimas eran alcohólicas.

• Clásicamente se dice que existe una fuente externa de ignición, generalmente cercana a la víctima, bien velas, braseros, chimeneas, o se trata de individuos fumadores.

• El proceso de combustión es muy localizado, de forma que afecta a la víctima, el lugar en el que estaba aposentada, y objetos que se encuentren en un radio menor a un metro, aunque no siempre las ropas que llevan resultan quemadas.

• El suelo alrededor del cuerpo, esta recubierto por una sustancia viscosa, amarillenta y maloliente. Hay restos de una especie de hollín grasiento en las paredes y el techo.

• Los objetos que se encuentran por encima de un metro del suelo, resultan dañadas por calor, no por el fuego, curiosamente.

• Un dato muy curioso, es que las víctimas de una combustión espontánea completa, no presentan signos de lucha, ni gritan cuando se está produciendo el fuego. Esto se puede explicar tendiendo en cuenta que la mayoría de las víctimas son personas de edad avanzada, con procesos crónicos degenerativos que dificultan su movilidad, y, además, han ingerido sedantes, o estaban bajo los efectos del alcohol, lo que, limita su capacidad para pedir ayuda, gritar o huir del fuego.

• La CHE afecta más al estado psíquico de la víctima que a la edad o al sexo. Es más frecuente en personas solitarias, sedentarias, hurañas, incapacitadas por enfermedad o por lesiones, depresivos… Esto explicaría la escasez de casos que afectan a varios miembros de la misma familia.

Subtipo 2: Combustiones presenciadas por testigos.
Son aquellos casos en los que un testigo ve cómo la víctima estalla en llamas. En general, ni los testigos ni las víctimas tienen idea de cuál puede ser la fuente del fuego, y, al parecer, es típico que las llamas broten directamente desde la piel de la víctima.
Un caso espectacular es el protagonizado en el sur de Londres, el 13 de Septiembre de 1967 por el bombero Jack Stacey, avisado para apagar un supuesto fuego en el interior de un edificio abandonado. Aparentemente, no había signos externos de fuego, pero al entrar, se encontró con el cuerpo de un mendigo, conocido como Robert Francis Bailey, tumbado sobre el costado izquierdo, y en posición fetal, como si intentara paliar un dolor de estómago. Al acercarse, apreció una hendidura de unos doce centímetros en el abdomen de la víctima, de la que salían con fuerza unas llamas azuladas, a modo de soplete, que consiguió apagar con el agua de la manguera, aunque no consiguió salvar la vida del mendigo, que quedó inclinado en la escalera, con sus dientes hundidos en la madera de uno de los peldaños, hasta el punto en que tuvieron que utilizar una palanca para abrirle la mandíbula. La ropa del mendigo estaba intacta, salvo la parte que cubría su abdomen. Jack Stacey no tiene ninguna duda de que el fuego se originó en el interior del cuerpo del mendigo.
Nunca se supo la causa real del fuego, a pesar de las investigaciones policiales. En el edificio abandonado no había gas ni electricidad, y tampoco se encontraron cerillas cerca, y, aunque el mendigo se hubiera quemado con un cigarrillo, no podía producir una llama tan espectacular.
Un caso relativamente reciente, considerado como un suceso presenciado por testigos, es el producido el 24 de Agosto de 1998 en Sydney (Australia). Jackie Parker recogió a su madre, Agnes Phillips, enferma de Alzheimer, de la residencia donde vivía. Mientras su madre dormía en el coche, aparcó para hacer unas compras. De repente vio salir humo del coche, y poco después una llamarada importante. Un peatón le ayudó a sacar a Agnes del coche, y apreciaron graves quemaduras en el pecho, abdomen, brazos, piernas y cuello. Fue trasladada a un hospital, donde falleció una semana después. La Policía no consiguió determinar la causa del fuego, ya que el motor no estaba en marcha, y no había rastro de acelerantes. Ninguna de las dos mujeres era fumadora, y la temperatura máxima de aquel día fue de 16 grados.
A pesar de que pueda parecer extraño, hay más casos similares a éste, algunos de ellos en la localidad de Reims, en Francia.

Subtipo 3: Quemaduras selectivas.
Se llaman selectivas porque, aunque la víctima se quema completamente, los objetos que están a su alrededor, incluso aquellos que deberían haber ardido (como la ropa de la víctima, el sillón o la cama en la que se encontraban, una pila de periódicos, etc.), permanecen intactos.

Estos casos serían realmente importantes si se confirmara su veracidad, pero de nuevo nos encontramos con la poca documentación existente al respecto, a pesar de la existencia de libros como “Ablaze”, escrito por Larry Arnold, en el que se narran más de 400 casos de CHE.
Un ejemplo de esto es el caso de Jean Lucille Saffin, una joven disminuida psíquica, que se encontraba junto a su padre sentada en la cocina de su casa. En un momento determinado a su padre le llamó la atención una luz que apareció de repente en la cocina, y, cuando se dio cuenta, su hija Jeannie estaba envuelta en llamas, pero ella no gritaba. El padre pidió ayuda y consiguieron apagar las llamas, pero Jeannie murió días más tarde en el hospital. Durante la investigación, la Policía no encontró ninguna causa aparente, y el veredicto fue de muerte accidental. El juez desestimó la CHE como causa de la muerte, porque “no existe tal cosa, y a fin de cuentas, muerte accidental y muerte por causas desconocidas son lo mismo, y no tengo intención de discutirlo más”. Cuando las personas designadas para intentar explicar esta muerte, muestran tal dedicación, podemos comprender la dificultad para encontrar datos fiables que nos permitan estudiar retrospectivamente estos sucesos. Algo que llama poderosamente la atención en este caso, es que, si la Policía no encontró ninguna fuente de ignición que pudiera causar la muerte de Jeannie, ¿por qué no se investigó más a fondo? En este caso hubiera sido sencillo culpar al padre de Jeannie y a su yerno del asesinato de Jeannie y de su posterior intento de encubrimiento del mismo haciéndolo pasar por una CHE. Pero lo que ocurrió fue que, sencillamente, el caso se dio por cerrado. Sin más explicaciones. Hay que reconocer que, cuando menos, es sorprendente.


TIPO 2: CASOS NO FATALES
Representan el 25 % restante de los casos de CHE. En estos casos, las víctimas no saben qué les ha ocurrido, pero la ventaja radica en que los supervivientes podrían ayudar a encontrar una explicación racional a lo ocurrido.

Estos casos incluyen:

• Llamas misteriosas
• Quemaduras misteriosas
• Humo misterioso

A pesar de estar clasificados, ninguna de estas categorías tiene casos recogidos que puedan clasificarse como tales. Quizás el caso más famoso sea el de Jack Angel, que siempre se incluye entre los casos no fatales de CHE. Veamos en qué consiste.
Jack Angel vivía en una caravana en Savannah, Georgia, en 1974. Un día como otro cualquiera, se acuesta y despertó cuatro días después con unas extrañas quemaduras en su antebrazo derecho, que llevaron a la amputación de dicha extremidad. Aparentemente, el pijama y las sábanas estaban intactos. Curiosamente, según refería el propio Angel, no sintió ningún dolor hasta unas horas después de haber recuperado la conciencia. Tras la investigación pertinente, se concluyó que Jack Angel no recordaba cómo se habían producido dichas quemaduras, ni siquiera bajo regresión hipnótica.
La verdad es que esta es la historia que se cuenta siempre. No se profundiza más en el asunto, y el caso queda como un increíble caso de supervivencia a la CHE.
Pero lo que poca gente sabe, es que el investigador Joe Nickell descubrió que, en 1975, un año después del suceso, Jack Angel demandó a la compañía fabricante de la caravana, por “negligencia en el diseño del calentador y en la válvula del agua caliente, y por no proporcionar una adecuada advertencia de posibles daños”. Al parecer, Jack había manipulado la válvula de presión de agua del calentador, que soltó el agua hirviendo a presión sobre el brazo de Jack Angel, que, evidentemente, no podía tener signos de fuego en sus ropas ni en las sábanas, puesto que en ningún momento hubo tal fuego.

TEORIAS QUE INTENTAN EXPLICAR LA CHE

Se han propuesto múltiples explicaciones para este fenómeno. Veremos que algunas son bastantes plausibles, mientras que la mayoría son de lo más peregrino. No voy a detenerme en analizar todas las teorías propuestas. Algunas sólo las mencionaré y en otras me detendré con más detalle.

Aunque la mayor parte de los casos conocidos de CHE parten del siglo XVII, hay algunos ejemplos en la antigüedad. Por ejemplo, Virgilio cuenta el caso de una mujer llamada Julia, de la que salió una llama a la que denominó “Ignis lambens” (el fuego que lame, aproximadamente). Tanto estos casos como los producidos en los siglos XVII y XVIII son difíciles de analizar, tanto por el factor tiempo, como por lo anecdótico de sus registros históricos. Actualmente, este tipo de casos permanecen inexplicados, lo que no quiere decir que sean casos genuinos de CHE.

En el siglo XVII se creía firmemente que la CHE era una especie de “castigo divino” por los excesos con el alcohol y otros “pecados” de las víctimas. También se ha propuesto que era la consecuencia de fenómenos poltergeist incendiarios, aunque estos fenómenos no suelen afectar directamente a las personas. Otros han propuesto la existencia de “personas eléctricas”, capaces de generar energía estática, que se descargaría en forma de “chispazos”, o cortocircuitos de los campos eléctricos del organismo. Esta teoría ha sido descartada por las investigaciones del profesor Robin Beach, del Instituto Politécnico Brooklin. En estos estudios, se concluye que el cuerpo humano puede soportar grandes cargas de energía estática sin sufrir daños, desechando así cualquier conexión con la CHE.

También se ha propuesto la práctica del Kundalini Yoga como una causa de combustión del cuerpo del practicante, en caso de que la persona practicante no domine ni sea consciente de las “energías” que se manejan. No niego que esto pueda ser posible, aunque me parece más que dudoso. Lo que tengo claro es que no me imagino a ninguna de las víctimas de los casos clásicos de CHE practicando yoga antes de comenzar a arder.

También hay quien habló de la “Combustibilidad preternatural”, que sería una situación concreta, que hace que ciertas personas puedan estallar en llamas si se dan las condiciones adecuadas (aunque no se ha dicho cuáles son esas condiciones). Larry Arnold propuso incluso la existencia de una nueva partícula subatómica, el “pirotrón”, capaz de iniciar una reacción en cadena que vaporiza completamente un cuerpo humano, aunque, de momento, no hay signos de su existencia. Otros han querido implicar a los militares, que utilizarían armas de irradiación, como radiaciones nucleares, rayos ultrasónicos, láseres de rayos X, proyectores de microondas... Como vemos, hay teorías para todos los gustos, y, la mayoría de ellas se quedan en simples especulaciones.
Algunos investigadores han propuesto la diatermia de microondas como causa de la CHE. Me parece complicado que estas microondas puedan ser la causa de las combustiones espontáneas por varios motivos. En primer lugar, la cantidad de microondas naturales que pueden influir sobre el organismo humano, en general no son tan intensas como para producir patología aguda, de forma que, para causar algún daño orgánico, debe ser una exposición relativamente intensa y mantenida. En segundo lugar, suponiendo que las víctimas han sufrido los efectos de microondas artificiales, deberíamos conocer los efectos de dichas microondas sobre el organismo. Las microondas aplicadas sobre el organismo de una forma no controlada (aquí excluimos las utilidades médicas de la diatermia, con las que se consiguen efectos controlados) producen un aumento de calor a nivel celular, y una destrucción de las proteínas celulares. Como consecuencia fallan los sistemas reguladores enzimáticos, y se destruyen tanto la membrana celular como las organelas implicadas en la síntesis y reparación de los ácidos nucleicos. Todo esto produce una serie de disfunciones que acaban con la muerte celular. Como es evidente, la célula, una vez destruida, es incapaz de generar tal cantidad de calor, y menos aún, es incapaz de arder de forma tan agresiva.

Otra propuesta interesante es la de la investigadora Jenny Randles. Ella concluye que ciertos tipos de dieta podrían producir una combinación explosiva de compuestos químicos en el tubo digestivo. Esto no explicaría, por ejemplo, porqué sólo se dan casos de CHE en poblaciones europeas y norteamericanas, y no en las numerosas ciudades iberoamericanas que tienen una alimentación similar. Sin embargo, sí podría explicar porqué no se conocen casos de CHE en animales. De todas formas, es muy poco probable, por no decir imposible, que una persona sufra tal acúmulo de gases en su tracto gastrointestinal sin sufrir previamente ningún síntoma que le llevara a una consulta médica (dada la gran toxicidad que tiene el paso de dichos gases a la circulación sanguínea). A pesar de ser un hecho poco probable, hay algunos casos, poco documentados, en los que hay algunos fragmentos de tejidos orgánicos de la víctima esparcidos por las paredes. A este fenómeno lo han llamado Explosión humana espontánea.
Personalmente creo que, más que un tipo específico de dieta, este fenómeno podría ocurrir en personas con determinadas patologías intestinales (como quizás en algunos casos de Megacolon tóxico, que consiste en una dilatación del extremo distal del colon del paciente, con alteración del nivel de conciencia y alteraciones hidroelectrolíticas, que, sin tratamiento, puede llevar a la muerte del paciente). Según esto, sería posible que una víctima de CHE, con poca movilidad, entre en estado de shock tras una patología intestinal que produce acumulación de gases y otras toxinas. Como consecuencia, la víctima es incapaz de pedir ayuda y pierde el conocimiento. Si por casualidad estaba fumando, o había una fuente de ignición cercana, puede que sus ropas prendieran fuego, comenzando el proceso de carbonización del cuerpo. Lo que veo poco probable es que el abdomen de una persona pueda estallar espontáneamente y causar una combustión del cuerpo., pero quizás si se produce una combinación de factores, sería posible que ocurriese. En fin, mientras no se produzca delante de testigos fiables, no sabremos si es realmente plausible o no.

También se ha postulado que la CHE pueda ser el resultado de un fallo masivo en los sistemas metabólicos del organismo. Se ha apuntado a un fallo en el sistema de los fosfágenos. Este sistema se basa en una molécula de creatina fosforilada. Cuando se rompe el enlace entre la creatina y el grupo fosfato, este fosfato pasa a una molécula de adenosina con dos moléculas de fosfato, para producir la adenosina trifosfato, el ATP, que es la base de la mayor parte de las reacciones enzimáticas del organismo. Por resonancia Magnética Nuclear, se ha conseguido determinar que la cantidad media de fosfágenos en un varón de 70 kg de peso con 30 kg de músculo, es tan sólo de un mol, que equivale a 10 Kcal de energía. Esta cantidad de energía, no sería suficiente para una carrera de 500 metros, y, por supuesto, no es capaz de producir calor suficiente como para iniciar una CHE. Además, como comentaré más adelante, los sistemas encargados de producir energía en el organismo funcionan en unas condiciones muy concretas de pH y temperatura, de forma que cualquier alteración de estas condiciones hace que dichos sistemas dejen de funcionar, y por tanto, dejan de producir calor, limitando mucho las posibilidades de producir una CHE.


Hay dos patologías médicas que se podrían aproximar a este fenómeno. Una es la Hipertermia maligna. La HM consiste en un trastorno hereditario, raro, que afecta al músculo esquelético. Es una cadena de procesos que finalizan con un aumento excesivo de la actividad metabólica, desencadenado por una alteración aguda del metabolismo del calcio a nivel celular, como consecuencia de la exposición a determinados agentes anestésicos inhalados y algunos relajantes musculares utilizados en el entorno de la anestesia general. En estos casos, la temperatura del cuerpo puede aumentar hasta los 43 grados centígrados, y es habitualmente fatal sin tratamiento, por lo que este proceso es fácilmente descartable como causa de la CHE, puesto que se ve en gente muy joven, generalmente varones, con frecuentes malformaciones músculo-esqueléticas o patologías musculares, y durante la anestesia. Además, si la temperatura corporal excede los 42 grados, aproximadamente, los sistemas enzimáticos del organismo, entre ellos los destinados a la producción de energía, dejan de funcionar, con lo cual, sin esa fuente de energía, es francamente difícil que el cuerpo pueda llegar a arder.
Otro proceso de presentación similar, pero de causa diferente, es el Síndrome neuroléptico maligno, que consiste en una reacción idiosincrásica (de aparición inesperada, y de forma impredecible) caracterizada por un aumento de la temperatura corporal (hasta 42 ºC) y rigidez muscular, potencialmente mortal, debido a una disminución brusca de los niveles de dopamina, generalmente secundario a medicación antipsicótica. En mi opinión, tampoco el SNM podría llegar a producir una CHE, tanto por la presentación clínica del síndrome, como por la limitación en la producción de calor.

La teoría del líquido corrosivo se sugirió para explicar la muerte de una mujer, Magde Knight en 1943. Al parecer, mientras dormía, sintió que algo le estaba quemando la espalda, sin que hubiera restos de fuego en las sábanas, ni olor a quemado en la habitación. En el juicio, un especialista llegó a la conclusión de que la única explicación posible era un líquido corrosivo, y con esta explicación se cerró el caso. La verdad es que, sin encontrar ningún rastro de dicho líquido corrosivo, es bastante difícil poder clasificarlo como causante de un caso de CHE.

Uno de los primeros intentos que pretendían explicar las CHE fue la propuesta de Livingstone Gearhart en 1965. Este investigador descubrió que muchos casos de CHE se habían producido cerca de “zonas calientes” de actividad geomagnética, sobre todo en relación con la actividad solar, aunque posteriormente no se han podido comprobar estos datos.

Otra de las teorías en auge últimamente, es la de los rayos en bola como posible causa de la CHE. Recientemente, dos científicos neozelandeses de la Universidad de Canterbury, los doctores J. Abrahamson y J. Dinniss, han explicado la formación de los rayos en bola. Parece ser que, cuando un rayo alcanza el suelo, los granos de mineral del suelo, debido a las altas temperaturas formadas, se convierten en partículas de silicio, que se combinan con el oxígeno y el carbono, formando cadenas de apenas unas micras de tamaño. Estas cadenas siguen combinándose entre sí, hasta formar unas bolas muy ligeras, que se mueven por las corrientes de aire.
Ahora alguien podría preguntarse, ¿qué tiene esto que ver con las CHE? Pues bien, desde hace años se postuló que quizás un rayo podría entrar en la habitación de la víctima, impactando en ella, y causando la combustión. La verdad es que, como teoría, me resultaba difícil pensar que pudiera haber una tormenta con formación de rayos, que algunos cayeran relativamente cerca de la casa de la víctima, y que uno de ellos cayera dentro de la casa en una habitación cerrada, sin dejar ninguna señal, salvo un cuerpo carbonizado que, por azar se encontraba en su camino. En fin, demasiadas casualidades juntas para mi gusto.
Pero estos mismos autores neozelandeses, creen que los rayos en bola son capaces de atravesar puertas y ventanas, sobre todo en edificios viejos, con rendijas entre las hojas de puertas y ventanas. Al parecer, estas redes de filamentos de silicio, son muy flexibles y ligeras, y se mueven impulsadas por el viento, que las introduce por dichas rendijas, para reconfigurarse el rayo de nuevo dentro de la habitación. El único inconveniente es que no se han conseguido reproducir estos rayos en laboratorio. Por lo demás, la teoría de los rayos ha pasado de ser una teoría más a ser una causa posible de algunos casos de CHE.

Una de las explicaciones que más auge ha tenido a lo largo de la historia, sobre todo en siglos pasados, es que la CHE estaba causada por una ingesta excesiva de alcohol.
La idea de que un cuerpo alcoholizado puede arder más fácilmente, es completamente errónea, ya que, las concentraciones sanguíneas de alcohol en un individuo están tan diluidas, que son insuficientes para arder espontáneamente, y mucho menos para explotar de forma espontánea. Ya en 1850, el químico Justus von Liebig demostró que ni siquiera un tejido embebido en alcohol diluido podría reducirse a cenizas, aunque se aplicase una llama externa.
Lo que sí es posible, y, desde luego, es mi opinión, es que las víctimas, habiendo ingerido más alcohol del conveniente, estuvieran en un estado de embriaguez, que les impide pedir ayuda y reaccionar adecuadamente ante un incendio. Si a esto añadimos que en general, son personas de edad avanzada, y con enfermedades crónicas y discapacitantes, tenemos todas las papeletas para que, si se declara un incendio, no sean capaces de reaccionar ni de pedir ayuda. Como ya apuntó el doctor Dupuytren en sus “Lecciones clínicas” en febrero de 1839: “El alcohol actúa provocando el estado comatoso, y no una pretendida amalgama con los tejidos”.
Quizás el aspecto más intrigante de este fenómeno sea la limitación del calor. No es muy frecuente que un incendio afecte exclusivamente a un cuerpo, sin alcanzar a los objetos circundantes. Otro aspecto que causa confusión es el del tiempo necesario para carbonizar un cuerpo. Tradicionalmente se acepta que los casos de CHE se producen en cuestión de minutos, y, aunque haya algún caso así, lo habitual es que la víctima está sola durante una noche entera, o, al menos, durante varias horas. Como vemos, hay una gran diferencia entre carbonizarse en unos minutos a una temperatura elevadísima, o hacerlo en varias horas a una temperatura menor.
En los hornos crematorios, que son un buen referente para el caso que nos ocupa, se requieren temperaturas entre 760 y 1100 ºC durante ocho horas (dependiendo del peso y la talla del cadáver) para carbonizar un cuerpo, dejando un remanente de huesos fragmentados, que deben ser tratados mecánicamente en un cremoledor para reducirlos completamente a cenizas. Tras este proceso, quedan entre 1800 y 3600 gramos de cenizas grisáceas, mientras que, curiosamente, las cenizas resultantes de una CHE son completamente blancas, lo que indica que la temperatura alcanzada es mucho mayor que la alcanzada en un crematorio. Algunos investigadores la han estimado en 2500 grados, que es una temperatura altísima. De cualquier forma, como veremos más adelante, la característica fundamental para la carbonización completa de un cuerpo, es la falta de aporte de oxígeno, condición que no se cumple en un horno crematorio. Así, al haber un aporte continuo de oxígeno, la combustión tiene más fuerza y el cuerpo se quema sin llegar a carbonizarse completamente.
De todas formas, hay diferentes opiniones al respecto. Según el antropólogo forense Wilton Krogman, se necesitan 1650 grados para que los huesos se destruyan, mientras que, Burkard Madea, un científico forense alemán, dice que se puede destruir completamente el cuerpo de un niño (excepto pequeños fragmentos de hueso calcinado) en dos horas a una temperatura de 500 grados, mientras que para un adulto, serían suficientes 800 a 1000 grados durante una hora. Los últimos experimentos realizados demuestran que el tejido adiposo cuando arde, lo hace a una temperatura de 250ºC, mientras que ese mismo tejido, cubierto con una tela, puede arder incluso a 24ºC.
Los investigadores siempre se han preguntado cómo es posible que arda un cuerpo humano, formado en un 70% por agua, que, como todos sabemos, es un mal sustrato para el fuego. Pero aunque esto sea así, hay un tejido corporal, el tejido adiposo, que contiene muy poco agua (menos de un 10%), por lo que sí sería un buen sustrato para el fuego. Esto nos lleva a comentar la teoría del efecto mecha.
Esta teoría hace referencia al proceso de combustión lenta de un cuerpo humano a bajas temperaturas utilizando las ropas de la víctima como mecha para el fuego, de forma que el propio tejido adiposo, al derretirse por el calor, hace que la temperatura necesaria para la combustión sea menor, pero a la vez más efectiva, ya que puede permanecer durante varias horas, llegando a reducir un cuerpo a cenizas. Inicialmente el cuerpo comienza a arder por efecto de la fuente de ignición inicial. Posteriormente arden la piel y el tejido celular subcutáneo, junto con el tejido adiposo. Se forma una sustancia grasienta que empapa las ropas de la víctima, que actúa como una mecha, manteniendo la combustión hasta acabar con el tejido graso.
Según Joe Nickell en su libro “Secrets of Supernatural”, W. Spitz y R. Fischer exponen en su libro “Investigación medico-legal de la muerte” que un cuerpo puede quedar reducido a cenizas en una hora y media a temperaturas de 1600 a 1800 grados. Al parecer, a mayor duración del proceso, menor es la temperatura requerida. Como hemos visto anteriormente, la mayoría de los casos fatales de CHE han permanecido aislados durante varias horas, por lo que podemos suponer que el proceso de combustión ha podido durar toda una noche, en algunos de los casos.
Este “efecto mecha”, también explica otros fenómenos asociados a la combustión. Vamos a verlos.
Hemos visto que en los casos típicos de CHE aparece un hollín grasiento por las paredes de la estancia donde se halla la víctima. Pues bien, cuando se produce un incendio en una habitación cerrada, inicialmente, por la presencia de oxígeno, se producen unas fuertes llamaradas, que enseguida dejan de serlo, cuando se acaba el oxígeno, para formar una combustión más lenta. Esta disminución de las llamas produce un humo que contiene grasa procedente del tejido adiposo de la víctima, de forma que se deposita este hollín grasiento en la parte superior de las paredes, ya que el calor tiende a ascender hacia el techo. La grasa que no llega a quemarse, cae al suelo, formando los clásicos depósitos amarillentos que lo recubren todo. Una vez que se acaba el oxígeno en la estancia, no pueden iniciarse más combustiones, por lo que sólo se quema el cuerpo de la víctima.
Un aspecto curioso de los casos de CHE es que, tras la combustión, quedan fragmentos del cuerpo de la víctima sin carbonizar, apareciendo incluso intactos, generalmente las piernas y restos del cráneo. Esto se explica fácilmente, ya que estas partes del cuerpo, generalmente están descubiertas, además de tener menos cantidad de grasa subcutánea. De esta forma, al no tener un tejido que actúe de mecha, y sin sustrato para el fuego, no resultan afectados. Estas víctimas suelen ser personas obesas, y las zonas con más acúmulos de grasa se encuentran en el tronco y la raíz de las extremidades, que son las zonas más afectadas por la combustión.

El doctor John de Haan, del Instituto Criminalístico de California, realizó en 1988 un experimento, retransmitido por la BBC, para intentar explicar el efecto mecha. En dicho experimento, envolvieron un cerdo (con un contenido de grasa similar al del cuerpo humano) en un tejido formado por lana en su mayor parte. Aplicaron un acelerante (gasolina) a la llama, y, al cabo de cinco horas, el cerdo había quedado reducido a cenizas. El resultado fue muy similar al esperado en una CHE. La única diferencia consiste en que, en los casos clasificados como CHE, no hay ningún rastro de dicho acelerante. Por lo demás, el experimento explica de forma bastante convincente el proceso de carbonización de un cuerpo, con lo cual, podemos admitirlo como causa probable de algunos casos de CHE.

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