Friday, October 13, 2006

La rectoria Borley - Inglaterra

El 10 de julio de 1929 el rotativo anglosajón Daily Mirror publicó la exclusiva. En una rectoría, ubicada entre los condados británicos de Essex y Suffolk, se estaban produciendo toda clase de fenómenos paranormales.
“Figuras fantasmales de cocheros decapitados -afirmaba el periodista V. C. Wall en la crónica-, una monja, una carroza tirada por dos caballos que aparecía y desaparecía misteriosamente, pisadas en habitaciones vacías...”
La noticia sobre el embrujamiento del rectorado Borley, un edificio de dos plantas, ladrillo rojo y 23 habitaciones de estilo victoriano corrió como la pólvora por todo el país y el editor del Daily Mirror decidió ponerse en contacto con el parapsicólogo Harry Price ante la inusitada repercusión que había producido el incidente.
Harry Price, miembro de la Society Psychal Research y fundador de la National Library of Psychal Research dependiente de la Universidad de Londres, acudió al enclave endemoniado y comenzó a recabar toda la información. Los primeros resultados sobre la mansión Borley fueron espectaculares. El paraje contaba con un extenso y trágico pasado marcado por la muerte e insólitos incidentes enigmáticos.
Según diferentes estudios históricos aquel solar había sido durante el siglo XIII el punto donde se asentaba un convento en el que se produjeron varios crímenes. El asesinato, concretamente el de una pareja de eclesiásticos, de un sacerdote del monasterio y una monja del claustro de Bures, situado a 13 kilómetros de distancia, que tras un apasionado romance intentaron huir y dar un giro de 180 grados a sus vidas. El final, como suele ocurrir, tuvo un desenlace fatal. Fueron capturados y ejecutados cruelmente: a él le decapitaron y a ella la emparedaron en los muros del inmueble.
Fue tras estos lóbregos lances cuando empezaron a sucederse las apariciones, según los observadores, de una figura fantasmal vestida con hábitos religiosos.
E. D. Bull, sacerdote artífice de la construcción en 1863 y primer inquilino, no se vio afectado por las leyendas en un principio. Pero con el paso del tiempo el misterio fue transformándose en una realidad diaria. Durante los 65 años en los que la familia Bull estuvo en la rectoría, desde 1863 hasta 1927, se produjeron una extensa lista de hechos inauditos. Experiencias y manifestaciones que fueron corroboradas por vecinos de las localidades colindantes.
Todo estalló cuando el sacerdote Eric Smith se instaló en la mansión y dio a conocer al periodista del Daily Mirror la extraña casuística que estaba padeciendo.
Los fenómenos que se producían eran muy variados: el inexplicable tintineo de las campanillas y los timbres, la observación de una figura luminosa ataviada con vestimenta de monja por el jardín, el característico movimiento de objetos, sonidos de pasos por las habitaciones, llaves de puertas que saltaban de las cerraduras, piedras que volaban desde el tejado e incluso se pudieron escuchar gritos desgarradores y el paso de carruajes inexistentes por los alrededores del lugar.
Harry Price, a los tres días de su primera visita y desbordado por los acontecimientos, decidió organizar una sesión de espiritismo para intentar esclarecer el enigma. En el experimento participaron el reverendo Smith, su esposa, una médium y el propio investigador. El resultado terminó de sembrar el desconcierto: el espíritu del sacerdote Henry Bull, antiguo regente y constructor del edificio, informó sobre el truculento pasado del lugar.
Una semana después de la prueba, el párroco Smith y su mujer abandonaron definitivamente la casa. La fenomenología había llegado a tal punto de agresividad y violencia que era imposible vivir allí y Price tuvo que abandonar sus análisis.
Transcurrió un año hasta que la rectoría fue habitada de nuevo. Esta vez por el clérigo Lyonel Foyster, primo del fallecido reverendo Bull, y su mujer Marianne.
Durante los primeros meses reinó la paz, pero todo cambió repentinamente.....los timbres volvieron a sonar, las campanas a tañir, se escuchaba el arrastrar de cadenas, se materializaron relojes, monedas y, lo más espectacular, comenzaron a aparecer mensajes escritos en las paredes.
Unas misivas presuntamente realizadas por entidades del más allá en las que de una forma desgarradora pedían auxilio, como “Por favor, ayuda..Marianne” o “No puedo entender, dime más”.
Foyster y Marianne tornaron a requerir los servicios del parapsicólogo Price. Esta vez acudió junto con dos de sus empleados y un equipo móvil compuesto por cámaras fotográficas, cintas métricas, polvo para impresionar huellas, una cámara cinematográfica de 16 mm, filtros luminosos y acústicos, varios instrumentos de medición térmica, etc.
Durante el trabajo de campo que se efectuó aumentaron los mensajes. Parecían ser crípticos. Encerraban algún tipo de información especial. Y de entre todos, uno de ellos, de carácter profético y apocalíptico, marcaría los designios del caso: “Esta casa será pasto de las llamas”.
Los fenómenos asediaban a una inocente Marianne, que empezó a sufrir una fuerte alteración psíquica debido a la situación, motivo por el cual el matrimonio abandonaría la casa definitivamente en 1935. La rectoría Borley, de nuevo, quedó desamparada. Nadie parecía poder habitar entre sus muros.
Harry Price aprovechó esta circunstancia para promover nuevos experimentos. El investigador psíquico alquiló el caserón, concretamente desde el 19 de mayo de 1937 hasta finales de 1938, y puso un anuncio en el rotativo The Times en el que solicitaba voluntarios para el estudio de los fenómenos paranormales de la abadía.
“Se buscan personas -rezaba la petición publicada en el periódico británico- responsables, inteligentes, intrépidas, críticas e imparciales para realizar turnos de observaciones en una casa. Si no saben nada sobre investigación psíquica mejor”
La respuesta fue todo un éxito. Fueron reclutadas un total de 48 personas. Todos ellos permanecieron en Borley por espacio de un año y medio y durante este tiempo todos los inquilinos fueron testigos delo insólito.
El 27 de febrero de 1939, el capitán W. H. Gregson, posterior morador, se encontraba en la biblioteca del caserón cuando una lámpara de aceite se estrelló contra el suelo de forma inexplicable. Las llamas se extendieron rápidamente por el inmueble y el fuego devoró toda la mansión.
¿Se cumplió la profecía realizada años atrás y rubricada en los muros?
Parece ser que sí. Pero la historia de Borley continuó a pesar de su desaparición. Durante la demolición del edificio, el cual quedó prácticamente derruido a causa del incendio, varios obreros aseguraron haber observado extraños portentos entre las ruinas del inmueble y descubrieron restos óseos.
¿Corresponderían aquellos huesos a la monja emparedada siglos atrás?
No lo sabemos a ciencia cierta, pero de lo que no hay duda es sobre las aterradoras manifestaciones que los empleados en el derribo pudieron vivir. Episodios que hicieron nuevamente poner de actualidad a Borley, ya que un reportero del periódico Live, mientras realizaba un reportaje gráfico delas obras, pudo captar en una fotografía el presunto vuelo de un ladrillo entre los cimientos de la mansión desvencijada. Todo un documento.
Harry Price cerró definitivamente el caso tras dar cristiana sepultura a los macabros restos hallados en ruinoso sótano. Y todas sus conclusiones fueron recogidas en dos gruesos libros: el primero publicado en 1940 bajo el título The most haunted house in England (La casa más encantada de Inglaterra) y el segundo, The end of Borley rectory (El fin de la rectoría Borley), editado en 1945, tres años después del fallecimiento de Price.
Nadie parecía dudar dela odisea fantasmal. Pero en 1956 el enduendamiento de la rectoría Borley y las investigaciones que allí se realizaron fueron puestas en entredicho. Dos miembros de la Society for Psychal Research (SPR), Charles Hope y Henry Douglas, solicitaron una revisión de los trabajos de Harry Price.
El comité de la SPR accedió a la petición de los eruditos paranormales y comenzó la fiscalización de toda la documentación existente sobre el caso que se encontraba en la Universidad de Londres.
Tras cinco años de estudio los resultados fueron publicados bajo el título The haunting of Borley rectory (El encantamiento de la rectoría Borley) en 1956.
En opinión de Hope y Douglas, muchos de los fenómenos que se produjeron en caserón religioso fueron fraudulentos. Es más, aseguraron que detrás de muchos de los presuntos incidentes poltergeist se encontraba Price.
Algo verdaderamente incomprensible, ya que Harry Price solo visitó el lugar una sola vez, cuando lo habitaban Foyster y Marianne. Un periodo de tiempo en el que se llegaron a contabilizar más de dos mil manifestaciones paranormales.
Borley resistió estoicamente los envites de la comunidad parapsicológica más escéptica. Primero con la publicación en 1973 de la obra The ghosts of Borley: Annals of the haunted rectory (Los fantasmas de Borley: Anales de la rectoría encantada) realizada por Peter Underwood y el doctor Tabori, y en la que se reafirmaba las serias y metódicas investigaciones realizadas por Harry Price, y posteriormente, en 1974, cuando un equipo del Grupo de Investigaciones Parapsicológicas de Enfield, encabezado por Ronal R. Russel, retomó las investigaciones, esta ve vez en la iglesia colindante a la antigua abadía, las cuales determinaron que seguían produciéndose extraños fenómenos en el recinto.
La comisión científica dirigida por Russell, y compuesta por los ingenieros Frank Parry y John Fay, ratificó la existencia de una fenomenología paranormal en Borley:
“Hemos grabado –explicaba el informe de los estudiosos- cientos de ruidos extraordinarios, pisadas, golpes y demás. En una ocasión localizamos un centro de perturbación cerca del sepulcro Waldegrave; era tangible, como un torbellino de energía. Cuando se pasaba la mano por él, se sentía una especie de cosquilleo, como el que produce la electricidad estática. En otra ocasión llegamos a escuchar un profundo gruñido”

Extraído del libro “Casas encantadas. Crónica de un siglo de misterio”
(Archivo del Misterio- Editorial Edaf) de Francisco Contreras Gil

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